El Sustrato Indígena de la Península Ibérica

No muy distante de Cástulo está también la sierra que, según dicen, da origen al Betis y que llaman «Sierra de la Plata», a causa de las minas de plata que hay en ella. Polibio dice que el Anas y este río (el Betis) vienen de la Celtiberia y que distan el uno del otro 900 estadios. Porque los celtíberos extendiendo su territorio han extendido también su nombre por toda la región lindante. Parece que los autores (más) antiguos llaman al Betis «Tartessos» y a Gades y las islas junto a ella «Eritia». Se cree que por esto. Estesícoro dice que el pastor Gerión había nacido enfrente de la célebre Eritia, en una cueva junto a las fuentes inagotables del río Tartesos y de raíces argénteas. Dicen que teniendo el río dos bocas existía antes en el espacio entre ambas una ciudad llamada Tartesos como el río y que la región que hoy habitan los túrdulos se llamaba Tartesis. Y Eratóstenes dice que la región junto a Calpe se llamaba Tartesis, y llama a Erite la «isla afortunada». Le contradice Artemidoro diciendo que también esto es mentira de Eratóstenes y que la distancia entre Gades y el Cabo Sagrado es de cinco días de navegación, mientras en verdad es sólo de 1.700 estadios, y que las mareas llegan sólo hasta allí (hasta Gades), mientras en verdad se extiende alrededor de todo el Mundo, y que a las partes del norte de Iberia se llega más fácilmente por (el istmo de) la Céltica que por el Océano y que es mentira también lo demás de Eratóstenes dice creyendo a Piteas, en su jactancia.

Estrabón, Geografía III 2.11

Introducción

Viajamos en medio de la bruma del tiempo, a una era pretérita en la que la tierra que hoy habitamos apenas se parece a lo que conocemos. Una inmensa e impenetrable Selva Hispana nos sobrecoge y cubre toda la península, una ardilla podría recorrer nuestro país saltando de árbol en árbol sin tocar el suelo. En el sur, hoy lleno de campiñas y olivares, se extiende un bosque mediterráneo casi virgen en el que habitan leones y especies endémicas que le dan a este lugar un carácter exótico y misterioso. Estamos en el Extremo Occidente, en el fin de la tierra, el Reino del Ocaso al que van los muertos. Un lugar distante y desconocido en el que la historia se mezcla con la leyenda y la leyenda con el mito. Hombres salvajes habitan el lugar, hablan lenguas extrañas y sólo algunos marinos han tenido contacto con los que viven en la costa. Ellos son nuestros lejanos tatarabuelos, los primeros habitantes de lo que hoy conocemos como España. Pero ¿quiénes eran? ¿De dónde vinieron?

Las culturas europeas antiguas, no sólo en el caso de la Península Ibérica, se han visto tradicionalmente eclipsadas por la cultura clásica (Grecia y Roma) que ha sido objeto de estudio preferente debido al a fascinación que estas civilizaciones han tenido, por diversos factores, desde el Renacimiento. Podemos decir que la concepción de nuestra civilización que tenemos desde el siglo XVI es heredera de la Cristiandad latina, por lo que buscó sus orígenes en la Biblia y en la Cultura Clásica. Sin embargo, en el siglo XIX, en el contexto del Romanticismo, se produjo un interés cada vez mayor por el estudio de los pueblos bárbaros debido a que se les consideraba, dentro de la visión romántica, como pueblos al margen del sistema establecido (primero el Imperio Romano y luego la Cristiandad). Por otro lado se buscaban las raíces nacionales de los pueblos europeos y eso llevó a indagar sobre el pasado prerromano en muchos lugares, entre ellos la Península Ibérica.

Fuentes

Cuando hablamos de los tiempos más remotos (lo que se conoce como Prehistoria) no podemos contar con fuentes escritas, ni directas ni indirectas. Ya en tiempos protohistóricos podemos contar, al menos, con fuentes escritas indirectas (los clásicos grecolatinos), pero en ambos casos, la principal fuente para estudiar el pasado prerromano de la Península Ibérica es la arqueología. El principal problema que presentan las fuentes es, por un lado, la falta de precisión de las fuentes clásicas y por otro la fragmentariedad de los estudios arqueológicos, los cuales quedan completamente a merced de la interpretación.

Iberia Mítica

Para los tiempos más remotos, únicamente disponemos de los mitos y aquellos restos que nos han quedado en el folclore, así como los estudios filológicos en algún caso, para conocer algo de nuestros ancestros al margen de la arqueología. Por eso podemos hablar de una Iberia Mítica en tiempos prehistóricos. ¿Qué quiere decir esto? Normalmente cuando se habla de algo mítico se tiende a pensar que es una historia inventada, una fábula a la que no hay que darle mayor importancia. Esto no es para nada así. El mito nos ofrece una gran información si sabemos leerlo. Por supuesto no podemos pretender tener una información rigurosa y totalmente fiable de una época tan remota, lo cual sería incluso extensivo al mundo antiguo, pero eso no quiere decir que no podamos hacer Historia e interpretar los mitos y la etimología de las palabras para hacernos una idea aproximada de cómo fueron las cosas.

Debemos pensar que en tiempos muy remotos toda Europa estaba cubierta de hielos, que el Sáhara era un valle fértil habitado por tribus que hoy consideraríamos europeas, al igual que el norte de África. Que estas tribus se movieron itinerantes durante miles de años y tuvieron contacto con poblaciones africanas en el sur y asiáticas en el Próximo Oriente. Debemos partir de la base de que en la Europa del Paleolítico había otra humanidad, la especie hombre de Neandertal, con la que los europeos (y en parte los asiáticos) estamos más emparentados de lo que se pensaba en los años 80 tal y como han demostrado los estudios genéticos. Una tribu que habitase la Península Ibérica es posible que procediese de las estepas del este de Europa o de Anatolia y viceversa. Escandinavia, las Islas Británicas y buena parte del centro y norte de Europa eran un páramo inhabitable. Tomemos esto en cuenta cuando veamos textos y estudios que hablan de pueblos nórdicos, que no necesariamente se refieren a los actuales habitantes de lo que conocemos como “países nórdicos”.

Las poblaciones tribales del Paleolítico formaban grupos de unos 30 individuos, bandas de cazadores-recolectores, que se movían por amplísimos territorios. Ya a finales de este periodo se empiezan a establecer tribus de unos 150 o 200 individuos. Europa (como el mundo en general) estaba muy poco poblada en aquellos momentos y por estudios genéticos sabemos que todos los europeos actuales descendemos de unos cuantos clanes del Paleolítico[1]. Si partimos de esta premisa ¿qué podemos considerar pueblos indígenas de la Península Ibérica?

El Neolítico comenzó en la Península Ibérica aproximadamente en el 8000 BP[2], siendo en este momento cuando se empieza a producir la sedentarización de los grupos humanos en ella. Esto es un hecho significativo porque con la sedentarización nace el concepto antropológico de patria, es decir, de “la tierra de los padres” (entendiendo padres genéricamente como ancestros). Esto quiere decir que fue en esta fecha y no antes cuando los grupos humanos asentados en un lugar consideraron este como “su hogar”, “su tierra” o, si queremos decirlo en un sentido más moderno, “su país”. Naturalmente la concepción espacial que tenían se limitaba al territorio que controlaba su tribu, pero en él ya erigían monumentos funerarios, tenían túmulos y grandes enterramientos… el culto a los ancestros cobra mayor importancia y eso sin duda tiene una implicación ideológica que significa el sentimiento de territorialidad. La organización social se estructura en torno a los lazos de sangre y clientelares, siendo la unidad de cohesión la familia extensa. De ahí la importancia de los ancestros, pues se considera que los antepasados fallecidos, así como los hijos no nacidos aún, forman parte del linaje, de la estirpe y que hay una herencia ancestral que se simboliza con el fuego del hogar, la llama de los antepasados. Por eso, la tierra que han ocupado los padres le pertenece a los hijos. La idea de patria no tiene connotaciones ideológicas como podríamos pensar, sino que es una idea intuitiva que surge cuando el hombre se hace sedentario.

En este sentido, consideramos pueblos indígenas a las culturas establecidas en la Península Ibérica antes de la llegada de los pueblos colonizadores (fenicios, griegos y cartagineses) y antes de la llegada de los romanos. Podemos considerar que la Prehistoria termina con la aparición de la civilización tartésica, que ya poseía textos escritos, si bien nos han llegado muy pocos y no están descifrados. A partir de ese momento podemos hablar de Protohistoria, ya que la mayoría de las fuentes son arqueológicas o procedentes de griegos y romanos. Diferenciaremos así las Culturas Prehistóricas (desarrolladas en el Neolítico y la Edad del Cobre y Bronce), la Cultura Tartésica (que se inicia en el Bronce Tardío y finaliza en la Edad del Hierro) y las Culturas de la Edad del Hierro, algunas de ellas de origen pre-indoeuropeo y otras procedentes de las migraciones indoeuropeas.

Culturas Prehistóricas

El Neolítico trae consigo la aparición de la agricultura y con esta la necesidad de almacenar el grano. Esto conlleva la aparición de la cerámica para crear recipientes y en base a la cerámica y a cómo se decoraba podemos establecer una tipología y datar las culturas. Por eso llamamos a las culturas neolíticas en base a la cerámica para clasificarlas aunque estos pueblos, evidentemente, no se denominaron así mismos de esta manera y el hecho de tener un mismo estilo cerámico no significa necesariamente pertenecer a la misma cultura (como en la actualidad usar ropa occidental en África no convierte a los africanos en europeos, ni usar tecnología coreana o japonesa convierte a los europeos en asiáticos). Pero a pesar de esas reservas, las culturas cerámicas ya nos permiten establecer, al menos, ciertos ámbitos culturales.

La primera cultura neolítica que podemos documentar en base a la cerámica es la Cultura de la Cerámica Cardial, que se da en el levante peninsular y se extiende por la Península Itálica y los Balcanes, comprendiendo por lo tanto toda la cuenca mediterránea. Posteriormente, en lo que hoy es Cataluña y el sur de Francia, tenemos la Cultura de los Sepulcros de Fosa, en el V Milenio a.C. Desde finales del Neolítico hasta la Edad de los Metales, tenemos el Megalitismo en la zona atlántica y el sur peninsular.

europa v milenio a.c.
Cultas Europeas del Neolítico

Ya en la Edad del Cobre aparece la Cultura de Los Millares y la Cultura de Vila Nova, seguida de la Cultura del Vaso Campaniforme, que probablemente se origina en la Península Ibérica y se extiende hacia el centro de Europa. Según la cultura material que se ha encontrado de esta cultura, se trataba sobre todo de jinetes guerreros, por lo que es de suponer que esta tribu se extendió por el continente mediante la guerra, pero también mediante el comercio y mediante lazos matrimoniales. Este procedimiento será el habitual en tiempos tan remotos, el mismo que llevarán a cabo los llamados pueblos indoeuropeos en sucesivas oleadas migratorias. Cuando una cultura adquiere una ventaja que le da prestigio o le permite tener hegemonía sobre las demás, otras tribus tienden a copiarla y a aliarse con ella, su lengua se extiende, sus expresiones artísticas se imitan… es algo que sigue sucediendo en nuestros días, por eso debemos ser cautos siempre que analizamos la cultura material e incluso la lengua que hablaban las tribus del pasado. Un arqueólogo del futuro podría pensar que en nuestro tiempo la Cultura Microsoft dominaba el mundo y que todos los textos encontrados en inglés fueron producidos por gente perteneciente a la misma cultura si se guiara por estos parámetros. En todo caso, la Cultura del Vaso Campaniforme es la primera gran cultura peninsular que se extiende al continente.

mapa vaso campaniforme
Cultura del Vaso Campaniforme

En la Edad del Bronce destaca la Cultura Argárica en el sudeste peninsular, el Bronce Manchego o Cultura de las Motillas y las primeras muestras de la Cultura Talayótica en las Islas Baleares. A finales de la Edad del Bronce y principios de la Edad del Hierro, como sucesora de la Cultura de los Túmulos, se extiende la Cultura de los Campos de Urnas, que en su máximo apogeo llego a abarcar una zona desde el Danubio y el Báltico y hasta Mar del Norte y la Península Ibérica. Una cultura caracterizada por sus ritos funerarios por cremación, lo que nos indica cierto culto celeste, atmosférico, frente al culto terrestre basado en las fuerzas telúricas de la Edad de Piedra. Así mismo la cultura material, con carros solares, nos indica también este cambio de cosmovisión hacia un politeísmo celeste/solar sobre el poso del culto a las fuerzas terrenales del Inframundo, a la Madre Tierra de las cuevas y las grutas, presente desde el Paleolítico. Es en esta época, en la Edad del Hierro, cuando se producen las migraciones indoeuropeas, por lo que podemos decir que todas estas culturas prehistóricas fueron conformando el sustrato ibérico pre-indoeuropeo, como veremos más adelante.

guerrero campos de urnas
Cultura de los Campos de Urnas

Civilización Tartésica

La primera civilización de la que ya tenemos fuentes escritas sería la civilización tartésica. Al parecer los indígenas llamaban Tartessos al río Betis, el actual Guadalquivir. En la Biblia se menciona a Tarsis, que podría referirse a este mítico reino del Extremo Occidente, o bien a la ciudad de Tarso, en Anatolia. No es descartable tampoco que los tartesios procediesen de Anatolia y se estableciesen en el Extremo Occidente. Esta mítica civilización podría ser la base del mito de la Atlántida de Platón. Los túrdulos o turdetanos serían los sucesores de esta civilización.

Fue la primera cultura que desarrolla una forma de Estado en la Península Ibérica, muy influida por el contacto con los fenicios cuando esto sucede. Las fuentes clásicas grecolatinas suelen ser imprecisas y tardías pues cuando los romanos llegaron a la península ya hacía tiempo que la civilización tartésica había sido arrasada por los cartagineses. Los vestigios de la mítica Tartessos se rastrean desde el Júcar hasta el Guadiana y su cultura material tuvo su origen en las últimas fortificaciones argáricas. Como fuentes escritas tenemos a Heródoto, Platón, Estrabón, Avieno, Plinio el Viejo, Justino y Pomponio Mela. En cuanto al topónimo, Eratóstenes menciona una región llamada Tartessos más allá de Kalpe y más allá de la isla de Erytheia; mientras que Estrabón cuenta que Tartessos es el nombre que los antiguos indígenas daban al río Betis (actual Guadalquivir) y que entre las dos bocas del mismo existía una ciudad homónima y que así se llamaba también la región que habitaban los túrdulos.

Así mismo tenemos fuentes del Próximo Oriente que hablan de Tarsis como una tierra llena de riquezas, especialmente la Biblia, aunque no está claro que la Tarsis bíblica se refiera a Tartessos ya que podría ser la ciudad de Tarso, en Anatolia. No es descartable tampoco que los tartesios procediesen de Anatolia y se estableciesen en el Extremo Occidente. Esta mítica civilización podría ser la base del mito de la Atlántida de Platón. El mito atlante podría estar basado en parte en la civilización tartésica, o bien ser la civilización tartésica una reminiscencia de una cultura anterior, extendida por el Atlántico y el Mediterráneo, que fue asociada con la Atlántida posteriormente. Estas serían algunas de las fuentes literarias que tenemos sobre esta cultura:

Anaku-ki, Kaptara-ki, las tierras más allá del mar superior (del Mediterráneo), Dilmun, Magan, las tierras más allá del mar inferior (el Golfo Pérsico) y los países desde el nacimiento del sol hasta su ocaso, que Sargón, el rey del mundo, conquistó tres veces

Inscripción asiria publicada por O. Schröder, Kleinschrifttexte aus Assur, Leipzig, 1920

Los reyes del medio del mar, todos ellos del país de Iadnan (Chipre), del país Iaman (Iavan) hasta el país de Tarsisi, se inclinan bajo mis pies

Inscripción de época de Asaradon publicada por Messerschmidt, Kleinschrifttexte aus Assur historischen Inhaltes, 1911.

Porque un día del Yavhé de los ejércitos vendrá sobre todo lo que es soberbio y alto y sobre todo lo levantado para humillarlo… y sobre los cedros altos y erguidos del Líbano, y sobre todas las encinas de Basán… y sobre todas las naves de Tarschisch y sobre todas las preciosidades para la vista

Isaías 2, 16 (730 a.C.)

Pues el rey (Salomón) tenía naves de Tarschisch en el mar junto con las naves de Hiram. Las naves de Tarschisch venían una vez cada tres años y traían oro, plata, marfil, monos y pavos reales

Reyes 10, 22

Tarschisch comerciaba contigo (Tiro) a causa de la multitud de toda clase de mercancías: llevaba al mercado plata, hierro, estaño,  plomo

Ezequiel 27, 12 (c. 580 a.C.)

Crisaor, juntándose con Calirroe, hija del ilustre Océano, engendró al tricípite Gerión, a quien dio muerte el fornido Heracles cabe los flexípedes bueyes, en Eritia, situada en medio de las olas, el día en que el héroe atravesó el Océano, después de matar a Ortos y al boyero Euritión, en un oscuro establo al otro lado del ilustre Océano; y se llevó aquellos bueyes de espaciosa frente a la sagrada Tirinto

Hesíodo, Teogonía 287 sig (c. 700 a.C.)

Por lo cual creen que Estesícoro habló así acerca de cómo fue engendrado Gerión, el pastor de bueyes:… “casi en frente de la ilustre Eritia, junto a las fuentes inmensas del Tartesos de raíces argénteas, en un escondrijo de la peña”

Estrabón, 148

…y por esto dijo así Anacreonte: “Yo no quisiera el cuerno de Amaltea, ni reinar ciento cincuenta años en Tartesos”

Estrabón, 151

Tartesos, ciudad de Iberia, nombrada del rio que fluye de la montaña de la plata, río que arrastra también estaño en Tartesos

Esteban de Bizancio (s. VI a.C.)

La nombrada Tartesos, ciudad ilustre, que trae el estaño arrastrado por el río desde la Céltica, así como oro y cobre en mayor abundancia

Escimno, 164 (s. VI a.C.)

Dicen que el Betis es un río de Iberia que tiene dos desembocaduras en medio de las cuales, como en una isla, está la referida Tartesos, así llamada porque también el Betis se llamó Tartesos entre los antiguos… y se cuenta que el Tartesos lleva estaño a los de allí

Eustatio a Dionisio. 337 (s. VI a.C.)

Vemos las continuas referencias al oro, la plata y el estaño; que era aquello que los comerciantes orientales buscaban en Iberia en época remota. Desde el punto de vista arqueológico podemos distinguir tres periodos: el Periodo Precolonial, anterior a la llegada de los fenicios, el Periodo Orientalizante, cuando se produce una aculturación fenicia en las élites tartésicas y se desarrolla el urbanismo y por último la Etapa Final. Uno de los aspectos que envuelven a la cultura tartésica en un halo mítico es precisamente su final repentino e inexplicable. Existen diversas hipótesis sobre el final de la civilización tartésica, entorno al siglo VI a.C., pero lo más probable es que la conquista asiria de las ciudades fenicias provocara que se interrumpiese el comercio con los tartesios, provocando el colapso económico de la civilización.

Cultura Ibérica

Orígenes Étnicos

Los geógrafos griegos y romanos clasificaron como íberos y celtas a los habitantes de la Península Ibérica, aunque lo cierto es que nuestros antepasados tenían un sentimiento tribal y estas denominaciones son clasificaciones genéricas establecidas desde fuera. Un habitante de la Península Ibérica en la Edad del Hierro se definiría a sí mismo como oretano, bastetano, turdetano, carpetano, galaico, astur, layetano, vetón, arévaco… siendo la categoría de celta o íbero una etiqueta difusa que en ocasiones se usa hoy como si se tratasen de compartimentos estancos cuando en aquella época lejana nadie lo hubiese entendido así. No obstante, consideraremos genéricamente íberos a los pueblos procedentes de todas las culturas prehistóricas que fueron evolucionando en la Península Ibérica y celtas a los procedentes de las migraciones indoeuropeas, conscientes del tremendo sesgo que esto supone. No pierda de vista el lector que la identidad de nuestros ancestros se basaba en una cuestión tribal y que cuando hoy hablamos de celtas, íberos, eslavos, germanos… estamos hablando de aspectos culturales definidos así, en ocasiones de manera un tanto arbitraria, por geógrafos griegos y romanos; por lo que la frontera entre estas categorías no está y nunca estuvo nada clara.

Podemos decir que en la Edad del Hierro poblaban este territorio una serie de tribus que comparten origen con los pueblos itálicos, entre ellos los etruscos (los cuales se llamaban a sí mismos rasenna). Los pueblos que la historiografía llama celtas en Iberia y que como vemos serían diversas tribus indoeuropeas de origen discutido, estarían emparentados también con estos pueblos que habitaban antes la Península Ibérica. Como hemos visto antes, la cosmovisión de la Cultura de los Campos de Urna (antecedente directo de la ibérica) sería probablemente muy similar a lo que se denomina el politeísmo indoeuropeo y pueblos como los lusitanos, tenidos siempre por “celtas”, descendían en realidad de esas culturas pre-indoeuropeas. Un mismo pueblo, como los oretanos, procedentes posiblemente de la zona del Rin, eran llamados Oretani Germani y equiparados a los celtas si hablaban la lengua indoeuropea, o considerados íberos si habían adoptado una cultura similar a sus vecinos ibéricos, diferenciando “dos Oretanias” cuando, sin duda alguna, se trata de dos ramas de la misma tribu. Sirvan estos datos para tomar la categoría de celtas e íberos más como una clasificación orientativa para entender la cultura de estos pueblos que como una diferencia significativa real.

En cuanto al topónimo de íberos o Iberia, estas tribus recibieron este nombre probablemente por alguna conexión con la Iberia caucásica. Iberia o Iveria era el nombre que le daban los griegos al reino caucásico de Kartli. Según el mito bíblico, este reino de la actual Georgia recibiría su nombre por un jefe pagano legendario llamado Kartlos, que sería bisnieto de Jafet. En el relato bíblico todos los seres humanos proceden de Adán y Eva (lo cual es bastante similar a la idea actual de que “todos procedemos de África”, de hecho se busca a la Eva mitocondrial y al Adán cromosomático, fruto de la influencia judeocristiana) pero según el mito bíblico, Noé (que es la versión hebrea del sumerio Utnapishtim o Ziusudra, llamado Atrahasis por los acadios), patriarca que sobrevivió al Diluvio Universal, es el padre de Sem, Cam y Jafet, siendo estos los padres de los pueblos semitas (asiáticos), camitas (africanos) y jafitas (europeos), con lo cual vemos que incluso dentro de este pretendido orígen común, los hebreos diferenciaban claramente las distintas razas en su mitología. Kartlos sería un descendiente de Túbal. En la Biblia se nos hacen varias referencias a Túbal, quien conocía la forma de trabajar el cobre y el hierro, es decir, conocía la metalurgia, lo cual lo relaciona con los indoeuropeos. Recordemos que la zona del Cáucaso es uno de los lugares que se toman como hinterland indoeuropeo.

Los hijos de Jafet: Gomer, Magog, Madai, Javán, Tubal, Mesec y Tiras.

Génesis 10, 2

Javán, Tubal y Mesec comerciaban contigo; con hombres y con utensilios de bronce pagaban tus productos.

Ezequiel 27, 13

Y pondré señal entre ellos y enviaré a sus sobrevivientes a las naciones: a Tarsis, a Fut, a Lud, a Mesec, a Ros, a Tubal y a Javán, a las costas remotas que no han oído de mi fama ni han visto mi gloria. Y ellos anunciarán mi gloria entre las naciones.

Isaías 66, 19

Esta última cita hace referencia a Tarsis. La tribu túbal habitaba la zona de Cilicia, donde estaba Tarso, por lo que es posible que exista una vinculación entre la Tarso de Anatolia y Tartessos, tal vez una emigración desde el Cáucaso. Cabe destacar que es en Anatolia uno de los primeros lugares donde se desarrolla la metalurgia, siendo los hititas uno de los pueblos indoeuropeos que, gracias a este conocimiento y a la domesticación del caballo, más se beneficiaron de ello. Además esta zona era una ruta comercial desde época neolítica, el tráfico de la obsidiana tenía su centro en Anatolia. Esta tribu túbal fueron aliados de los escitas y se dedicaron al comercio y la guerra, por lo que es bastante probable que en efecto se produjese una emigración desde el Cáucaso hacia el Extremo Occidente. La lengua que se habla en esta zona de Georgia, aún hoy, tiene mucha similitud con el euskera[3], lo cual haría que esta hipótesis encajase más aún.

Estas citas bíblicas, además, hacen referencia a varias tribus anatolias. Aparte de la mencionada tribu túbal, también llamados tibarenos y que aparecen no sólo en la Biblia sino en el relato de Apolonio de Rodas sobre Jasón y los argonautas; estarían los moscos, pueblo tributario de los persas, que descenderían de Mesec, otro de los hijos de Jafet, así como los saper, tribu de cuyo nombre podría derivar el de Iberia: Sasper >Speri >Hberi >Iberi. De Speri derivaría Hesperia, el mítico Jardín de las Hespérides, situado en el Extremo Occidente por la mitología griega y tal vez de Hesperia se derivó Hispania. El nombre Sefarad con el que los judíos denominaban a España en la Edad Media estaría relacionado con este orígen etimológico[4].

En la Edad Media, Isidoro de Sevilla desarrolló el relato del tubalismo, el orígen mítico de los habitantes de Hispania como descendientes de Túbal. A día de hoy, el 40% de los españoles procede de un ancestro común (porcentaje que se eleva al 70% entre los vascos, lo cual entroncaría con el relato mítico de Aitor, hijo de Túbal, como padre de los vascones)[5]. Según este relato, Túbal tuvo un hijo llamado Íbero, que daría nombre al río Ebro y a la Península. Según esta mitología, a Íbero, primer rey de Iberia, le sucedieron Idibeda, Brigo, Tago (de donde procede el río Tajo) y Beto (de donde procede el río Betis, el Guadalquivir). Cabe destacar que este relato mítico es elaborado en época visigoda, cuando se está empezando a fraguar una identidad hispana y a la vez se está empezando a consolidar el relato de la nación gótica.

Debemos entender que una tribu es un conjunto de personas ligadas por la sangre que tienen un ancestro común. Evidentemente, con el paso del tiempo, este ancestro común se mitifica, por lo que ese “antecesor común” no debe tomarse de manera literal, aunque sí implica una conciencia identitaria común. En el caso de la Edad del Hierro, ese antecesor común sería el padre fundacional de cada tribu y los habitantes de Iberia en aquel tiempo no tendrían, probablemente, más que esa referencia, siendo el relato tubalista elaborado en época visigoda. La formación de una tribu, generalmente, se trata de un proceso de “bola de nieve” en el que un grupo principal va algutinando a otros individuos, como explica muy bien Rosa Sanz en lo referente a las migraciones germánicas del Bajo Imperio Romano[6].

Sociedad Ibérica

Según Estrabón la mayoría de los iberos vivía en aldeas y otros en bosques dedicándose al bandidaje. Sin embargo distinguía la Turdetania del resto, como un país riquísimo, cuyos ríos y estuarios eran navegables, su flota numerosa y que comerciaban tanto en el Mediterráneo como en el Atlántico y por cuya prosperidad sus gentes eran pacíficas y cultas[7]. Los íberos, a diferencia de los pueblos que conocemos como celtas, experimentaron una tendencia hacia la urbanización en el siglo VI a.C. y en el siglo IV a.C. aparecen los oppida. Estos asentamientos eran ciudadelas fortificadas donde la aristocracia vivía junto a sus grupos dependientes, obligando al resto de la población a vivir en la periferia. Los asentamientos podían ubicarse en promontorios, en el dominio de un valle o ser escalonados.

La sociedad estaba dominada por una aristocracia compuesta por régulos y damas, probablemente sacerdotisas, que establecían relaciones de clientelismo, por las que los mercaderes se vinculaban de forma sagrada con la casa aristocrática. El concepto de casa como unidad social, ligado a una estirpe de sangre y a sus clientes, es entronca con el concepto griego de oikos y con el germánico de oðal, así como con el romano de gens. Vemos la figura del caudillo guerrero y de la sacerdotisa, el poder cívico-militar y el religioso, que probablemente legitimaba al primero. Un vestigio de esto quizás se encuentre en la popular fiesta de los mayos, relacionada con la fertilidad, en la que la Reina de Mayo es coronada entre las mozas del pueblo o mayas que son cortejadas por los mozos, llamados mayos. La idea de un poder religioso femenino como legitimador del poder militar masculino está muy presente en el folclore europeo, por ejemplo en la mitología artúrica, cuando figura la Dama del Lago que le entrega Excalibur al joven Arturo para convertirse en rey. El mundo ibérico no fue, probablemente, una excepción.

Entre los nobles iberos había un sistema de don-contradón, es decir un intercambio de regalos. El verdadero poder de los régulos residía en el número de guerreros que tenían a su servicio, especialmente de aquellos juramentados con el caudillo mediante la devotio iberii que ligaba al guerrero con su líder hasta la muerte, jurando no sobrevivirlo en el campo de batalla. La lealtad hasta el extremo de los devotos iberos era conocida por los romanos, rodeándose los generales romanos frecuentemente de una guardia ibérica.

caudillo ibero partiendo a la batalla

Religión Ibérica

Se sabe poco de la religión ibérica, no se nos ha conservado ningún texto escrito y por lo tanto tampoco ninguna teología ibérica. Sin embargo, tanto por las fuentes griegas y romanas como por los restos arqueológicos puede establecerse la idea de que tenían un culto basado en las fuerzas naturales o Poderes Sagrados de la naturaleza, con ofrendas de exvotos y libaciones a los antepasados y espíritus protectores del lugar. A las deidades se las solía representar con forma de animales antropomórficos o incluso mediante estatuillas de dioses orientales, cuyo canon estético posiblemente les influyó a la hora de representar a los suyos, produciéndose quizás cierto sincretismo en algunos casos.

Los santuarios eran lugares en plena naturaleza elegidos por su significado sagrado que podían ser de varios tipos. Vemos aquí la misma tendencia que entre celtas y germanos de rendir culto a la divinidad al aire libre en lugar de hacerlo en templos, lo cual es una influencia oriental. También sabemos que los iberos se solían incinerar y que el buitre era un animal sagrado que servía de psicopompos que conducía las almas de los caídos en batalla al Otro Mundo, pues sus cuerpos se abandonaban en lugares altos para que los buitres llevaran a cabo esta labor. Las cenizas se introducían en urnas y se enterraban en túmulos, lo cual relaciona la cultura ibérica con la de los Campos de Urnas. Así mismo, las grandes damas se enterraban en túmulos con un gran ajuar. Esto podría significar una vinculación de las sacerdotisas con la Tierra, por lo que vemos aquí un “más allá celeste” para los héroes y un “más allá terrenal” para las sacerdotisas. Los elementos de la religión ibérica son, por lo tanto, muy similares a la de los pueblos europeos y su cosmovisión y valores probablemente también, como deducimos de la importancia de la muerte heroica en combate.

Por último, sobre la lengua ibérica, baste decir que esta no se ha descifrado y que más bien habría que hablar de lenguas ibéricas, ya que probablemente eran varias. No obstante, existe la teoría del vasco-iberismo que relaciona las lenguas ibéricas con el euskera actual. Los símbolos del silabario ibérico guardan una relación evidente con las runas nórdicas y con otros alfabetos europeos, por lo que podemos deducir que, aunque su significado fonético fuese distinto, guardan también una relación mágica similar con esos símbolos arcanos presentes desde la remota Edad de Piedra en toda Europa y que si los íberos usaron tan poco la escritura se debió entre otras cosas porque le darían un carácter sagrado y solemne, al igual que el resto de los pueblos de la Antigüedad, reservándola sólo para determinados casos y prefiriendo la tradición oral.

Población Indoeuropea

Orígenes Étnicos

Los pueblos que la historiografía llama celtas en Iberia y que como vemos serían diversas tribus indoeuropeas de origen discutido, estarían emparentados también con estos pueblos que habitaban antes la Península Ibérica. La clasificación de indoeuropeos es, así mismo, una clasificación moderna basada en la lengua. Esta tribu, probablemente, se llamaban así mismos teutas, de donde derivaría teutones en la lengua germánica o tuatha en la lengua céltica, que en ambos casos quiere decir “pueblo” o “gente”. El origen de esta tribu, que sería de las primeras tribus del ámbito cultural que hoy conocemos como europeo (lo cual va más allá de Europa como concepto geográfico) en dominar la metalurgia, de ahí su influencia y su poder, podría estar en el yacimiento de Arkaim, en Rusia, o tal vez en el Cáucaso.

Los arios fueron una tribu de este tronco establecido en el norte de la India, cuyo nombre significa “los mejores”, de donde derivaría también aristoi en griego. Durante mucho tiempo se pensó que esta era la “tribu madre” de los indoeuropeos, de ahí que en el siglo XIX y principios del XX se utilice el término arios para referirse a todos los pueblos indoeuropeos. Sin embargo desde mi punto de vista el término ario puede llevar a equívoco, pues tan sólo hace referencia a una de las tribus (que modernamente llamamos indo-arios) y el término indoeuropeo es tan sólo una cuestión lingüística, cuando lo cierto es que la lengua proto-indoeuropea se extendió por toda Europa sin que eso signifique que todos los que la hablaban fuesen parte de esta tribu o que aquellas tribus que no adoptaron la lengua (como los iberos, los etruscos, los ugro-fineses…) no adoptaran en cambio otras influencias culturales. Por ese motivo, prefiero el término de teutas.

La historiografía ha hablado de invasiones indoeuropeas pero lo cierto es que fue un proceso lento y paulatino de influencia cultural, económica y social de una tribu o un tronco del que se derivaron varias tribus, sobre las demás y que la cosmovisión asociada a la Edad de los Metales fue una evolución ideológica y espiritual en todas las tribus del continente a finales del Neolítico, aunque los teutas fueran quizás los más avanzados tecnológicamente e influyesen notablemente en los demás. Dicha expansión se produjo por contactos comerciales, por enlaces matrimoniales y también por la guerra, pero no sería la guerra lo más frecuente, en mi opinión. Sencillamente cuando una tribu tiene prestigio, el resto de tribus tratan de congraciarse con ella y acuerdan matrimonios con ella. De este modo las princesas de esta tribu se casaron con los jefes de las tribus aliadas y educaron a sus hijos. El concepto de lengua materna precisamente deriva de que es la madre quien la enseña. Por este motivo, las élites tribales de finales del Neolítico comenzaron a usar la lengua que hoy conocemos como indoeuropeo y se produjo una aculturación. Es lo que se conoce como proceso de indoeuropeización. Sería similar a lo que ocurre con el inglés en nuestros días, pero en sociedades ágrafas y sin medios de comunicación, por lo que la lengua de prestigio que hablaban los nobles y los comerciantes y que era lengua franca, pronto se acabó imponiendo a la lengua familiar. Aunque no ocurrió en todos los lugares.

La adopción de la lengua indoeuropea es realmente algo anecdótico en el proceso de indoeuropeización cultural, aunque tradicionalmente se le ha dado una importancia excesiva para saber si un pueblo era o no era indoeuropeo. Lo cierto, como digo, es que se produjo una influencia cultural y que la evolución de las creencias tradicionales que podríamos denominar chamánicas[8] hacia un culto a los dioses de la fertilidad y posteriormente hacia un politeísmo con dioses celestes se dio en todas las tribus europeas.

En el caso de la Península Ibérica, se produjeron tres oleadas de estos pueblos que se asentaron en el territorio y se mezclaron con la población autóctona. La primera de estas migraciones se produjo el 900-800 a.C. La procedencia de las oleadas migratorias del I Milenio a.C. es motivo de controversia. Las etnias que se han barajado para este caso son germanos según Schuchardt, ilirios según Kosina, tracios según Childre e incluso proto-eslavos. Bosch Gimpera apostaba por la tesis iliria y publicó numerosos trabajos sobre ellos, avalados por estudios lingüísticos de Menéndez Pidal y Bertoldi. También se ha barajado la hipótesis ligur debido a lo que narra Avieno en su Ora Maritima.

Sea como fuere, a mi modo de ver esta clasificación entre celtas, germanos, eslavos, ilirios… no deja de ser, como la clasificación entre celtas e iberos, una categoría orientativa y en el fondo estamos hablando de diversas tribus que tienen un origen común, por lo que tampoco me parece relevante. Estas tribus además estaban relacionadas con las autóctonas de la Península Ibérica, con lo que más bien creo que se produjeron oleadas migratorias entre pueblos similares, solo que algunos tenían una forma de vida más salvaje y otros más civilizada a ojos de los geógrafos grecolatinos. Los que mantuviesen la forma de vida similar a las tribus continentales fueron catalogados de celtas y los que tenían influencia mediterránea de iberos.

En cualquier caso, los pueblos catalogados como celtas por griegos y romanos ocupaban la mayor parte del territorio peninsular. Podemos establecer una gran diferencia entre los pueblos norteños y los pueblos de la Meseta. Así mismo, merecen especial mención los lusitanos y los celtíberos.

celtiberos

Sociedad

Los pueblos de la Céltica Hispana se caracterizaron por vivir en poblados de escasa urbanización y fortificados con murallas ciclópeas, que los romanos llamaron oppida, o también rodeados de empalizadas. Se organizaban socialmente en grandes comunidades que fueron llamadas populi y a su vez en gentilidades, las cuales establecían redes de clientelismo. Vemos, por lo tanto, un sistema social similar al ibérico paro menos civilizado, mucho más primario desde la óptica romana. La sociedad era mucho menos desigual que la ibérica, pero estaba igualmente jerarquizada entorno a jefaturas. Políticamente hablando existía un Jefe como máxima autoridad, pero era un primus inter pares, controlado por una institución asamblearia. La asamblea de hombres libres, similar al þing germánico, formada por los varones de la tribu que tenían derecho a llevar armas por su condición de libres. Esta institución se mantuvo incluso hasta la época visigoda y probablemente después, como atestiguan las fuentes.

El mismo año, en los días de Cuaresma, le fue revelada también (a San Millán, que vivió entre el 473-574 d.C.) la destrucción de Cantabria; por lo cual, enviando un mensajero, manda que el Senado se reúna para el día de Pascua. Reúnense todos en el día marcado; cuenta él lo que había visto, y les reprende sus crímenes, homicidios, hurtos, incestos, violencias y demás vicios, y predícales que hagan penitencia. Todos le escuchan respetuosamente, pues todos le veneraban como a discípulo de nuestro Señor Jesucristo; pero uno, llamado Abundancio, dijo que el Santo chocheaba por su ancianidad: mas él le avisó que por sí mismo experimentaría la verdad de su anuncio, y el suceso lo confirmó después, porque murió al filo de la vengadora espada de Leovigildo. El cual, entrando allí por dolo y perjurio, se cebó también en la sangre de los demás, por no haberse arrepentido de sus perversas obras; pues sobre todos pendía igualmente la ira de Dios.

Vita Sancti Aemiliani, XXVI. San Braulio, 640. Cantabria sita est in mons Iggeto iuxta fons Iberi[9]

También entre estos pueblos existía la devotio por la que el guerrero establecía un vínculo personal de su vida con la de su jefe, y en caso de sobrevivir a él debía batirse en duelo con el resto de guerreros del mismo hasta morir el último. Otra institución fundamental era el hospitium, por la que un individuo podía ser acogido por una gentilidad diferente y entrar en clientelismo con otro señor. Al igual que Tácito dice de los germanos en su Germania, también se resalta la hospitalidad como un rasgo sobresaliente de los celtíberos.

Los celtíberos son crueles con sus enemigos y adversarios, pero con los extranjeros se comportan muy dulce y amablemente. Todos ruegan a los extranjeros que tengan a bien hospedarse en sus casas y rivalizan entre ellos en la hospitalidad. Aquellos a quienes prestan servicio los extranjeros gozan de gran predicamento y se les llama amados de los dioses.

Diodoro Sículo

Este pacto podía darse entre un individuo y un caudillo pero también entre una tribu con otra, lo cual hacía que los caudillos poderosos tuviesen varios jefes menores como clientes. Será una de las formas por las que se produjo, en ocasiones, la dominación romana de manera pacífica, pues la tribu aceptaba al procónsul romano como su señor mediante un pacto de este tipo y de este modo no era conquistada. Esta costumbre se mantuvo tras las invasiones bárbaras y será mediante pactos clientelares con las oligarquías locales que los nobles godos mantengan cohesionado el reino. Es un rasgo característico de los pueblos europeos antes de la aparición del concepto de Estado derivado de la res pública romana.

También eran frecuentes las cofradías guerreras consagradas a un animal de poder, especialmente el dios lobo Vaélico, relacionado con el Inframundo. Estas fratrías guerreras de carácter iniciático tendrían una relación directa con los mitos sobre el hombre lobo y se remontan a las sociedades guerreras prehistóricas, muy bien documentadas en Escandinavia, que protegían a la población de los enemigos y que también llevaban a cabo ritos para alejar a los malos espíritus de los campos. Los ulfhednar y berserkers de la Era Vikinga serían una evolución de estas sociedades guerreras iniciáticas ancestrales cuya existencia está bien documentada en la Península Ibérica[10]. Según postula Ingremar Nordgren, estas sociedades guerreras podrían tener ciertos “privilegios” por parte de una población que los respetaba pero también los temía, tales como poder asaltar una granja para obtener alimento dado que estaban consagrados a su culto guerrero y no trabajaban la tierra. Para evitar esto, los campesinos les dejaban comida en las fechas señaladas como la Noche de Samhain o Yule y de este modo no asaltaban su granja. Con el tiempo se crearon toda una serie de leyendas entorno a estas cofradías, que estarían en el origen de los mitos de procesiones de muertos como el de la Cacería Salvaje de Odín, cristianizada en España como la Santa Compaña, la Güestia o la Hueste Antigua y esta “ofrenda” de los campesinos para que dejaran tranquila su granja podría ser el origen del moderno truco o trato de Halloween[11].

Dentro de este conglomerado de pueblos que genéricamente se consideran celtas por la historiografía, podemos diferenciar a los pueblos del norte, los más belicosos y rebeldes durante la ocupación romana. Tienen su origen en la cultura castreña de finales de la Edad del Bronce, caracterizada por los poblados fortificados denominados castros por los romanos. Debido a habitar un lugar agreste, su principal ocupación, según Estrabón, era la guerra. Solían comer carne de cabrón y sacrificaban cabrones, caballos y en ocasiones prisioneros de guerra a los dioses, haciendo grandes hecatombes[12]. Destacan entre estos pueblos los galaicos, cántabros y astures, así como los vascones, que fueron un pueblo ibérico pero con una fuerte influencia céltica debido a su situación geográfica. Estos pueblos permanecieron poco romanizados hasta la Edad Media, ganándose su fama de pueblos indómitos.

Otro pueblo que destaca son los lusitanos, que vivían en el oeste peninsular, en un territorio que se corresponde a lo que hoy es Extremadura y el centro y sur de Portugal. Su origen fue considerado por la historiografía clásica como céltico, pero los estudios modernos de su lengua lo clasifican como pre-céltico, remontándolo a los Campos de Urnas e incluso al Vasco Campaniforme; si bien incorporaron elementos celtas en el siglo VI a.C. En cuanto al término celtíbero, usado por los romanos como entidad étnica y que durante mucho tiempo se pensó que se trataba de una fusión entre lo céltico y lo ibérico, lo cierto es que se trataba de una población celta con gran influjo ibérico que habitaba una región, llamada por los clásicos como Celtiberia, cuyos límites eran cambiantes por la dinámica de sus pueblos.

Conclusión

En resumen podemos decir que la población indígena de la Península Ibérica es aquella asentada en este territorio cuando se produce la sedentarización entorno al 8000 BP, cuando surge el concepto de patria desde el punto de vista antropológico, que recibió el aporte de oleadas migratorias en el I Milenio a.C. de pueblos conocidos como indoeuropeos y que desarrolló su cultura en Iberia antes de la llegada de los pueblos colonizadores (fenicios, cartagineses y griegos) y antes de la Romanización. Estos pueblos, tradicionalmente, se han agrupado en celtas e íberos pero dicha clasificación no es exacta ni responde a la identidad tribal de nuestros antepasados y en todo caso se trata de un conglomerado de pueblos que sin embargo tienen un origen común y estaban relacionados entre ellos desde tiempos prehistóricos. La principal diferencia entre lo que la historiografía tradicional cataloga como celtas y lo que cataloga como iberos es el nivel de civilización que estas tribus presentaban desde el punto de vista grecolatino.

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Bibliografía

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  • NORDGREN, Ingremar. The Well Spring of the Goths. 2004.
  • SANZ SERRANO, Rosa. Historia de los Godos. Madrid, 2009.
  • JOCILES FERRER, Rodrigo. Composición Genética de Iberia a final del Bronce.

Notas

[1] JOCILES FERRER, Rodrigo. Composición Genética de Iberia a final del Bronce (8 de octubre de 2016). El Blog de Rodrigo Jociles Ferrer [Blog]. Recuperado de: https://jocilesferrer.wordpress.com/2016/10/08/composicion-genetica-de-iberia-al-final-del-bronce-i-clanes/ [Consulta: 29/10/18]

[2] Para fechas muy remotas se utilizará el cómputo de “Antes del Presente” (BP por sus siglas en inglés). Si se quiere obtener la fecha en la Era Cristiana se deberán restar 2000 años a la fecha dada (por ejemplo, el 8000 BP corresponde con el 6000 a.C.

[3] Una de las teorías sobre el origen del euskera, la vasco-caucásica, precisamente sitúa el origen de esta antiquísima lengua en el Cáucaso.

[4] Sefarad podría estar relacionada con Hespérides, al igual que al-Ándalus podría estarlo con la isla de Atlantis, siendo la Península Ibérica un lugar mítico para los pueblos orientales que se inspiraban en los paraísos perdidos de la cultura grecolatina. Cuando se hace la traducción al griego de la Biblia judía (la Septuaginta) la influencia mítica griega sería evidente y en el hebreo clásico no existen las vocales, por lo que la transcripción sería SPRD (Hespéride). La P y la F no tienen diferencia gráfica, por lo que sefardí podría significar hespérico. Así mismo, de Atlantis podría derivarse en las primeras fuentes islámicas Atlandus y de esta Alandalus. Extraído de: http://etimologias.dechile.net/?sefardi.- [Consulta: 29/10/18]

[5] Estudio publicado en Scientific Reports (22 de septiembre de 2017). Recuperado de: https://www.upf.edu/en/web/media/enoticies/-/asset_publisher/wdGAWZ7EMj53/content/id/97299019/maximized#.W9bpbtJKjIU [Consulta: 29/10/18]

[6] SANZ SERRANO, Rosa. Historia de los Godos. Madrid, 2009.

[7] Estos relatos hacen probable que, en efecto, los túrdulos o turdetanos fueran los sucesores de los tartesios.

[8] Uso el término chamánico o chamanismo porque es el que utiliza la antropología, pero dicho término es de origen siberiano. La brujería/hechicería europea nunca se conoció, en tiempos históricos, con ese nombre ni sus practicantes fueron llamados chamanes. Así mismo, el término magia deriva de los magos, que eran sacerdotes babilonios; por lo que tampoco sería apropiado. Cada tradición tuvo una palabra para hacer referencia a ese tipo de creencias, quizás la más conocida es el seiðr nórdico. El druidismo celta bebe de esa tradición.

[9] Glosa sobre un códice emilianense del siglo X.

[10] RODRIGUEZ GARCÍA, Gonzalo. La Figura del Lobo y la Tradición Guerrera de la Hispania Céltica. Toledo, 2013.

[11] NORDGREN, Ingremar. The Well Spring of the Goths. 2004.

[12] Entendamos el carácter propagandístico de las crónicas romanas, presentando a sus enemigos como bárbaros sanguinarios y exagerando, cuando no inventando, sus prácticas. Sin embargo el sacrificio de prisioneros era una costumbre que a veces se producía en el mundo celta y germánico.

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