La Escuela Española de Economía

Introducción

Normalmente, cuando hablamos del origen del pensamiento económico o político, tendemos a pensar en otros países y a ver a España como una mera receptora de las ideas ajenas. Si hablamos del liberalismo clásico se nos viene a la mente la angloesfera, especialmente Adam Smith y su obra La Riqueza de las Naciones[1] en el ámbito económico, y el liberalismo anglosajón o francés del siglo XVIII en el aspecto político. En cuanto al pensamiento económico liberal que supera al liberalismo clásico se nos viene a la mente la Escuela de Viena o Escuela Austriaca, con autores como Menger, von Mises o Hayek. Sin embargo, el liberalismo, tanto en su vertiente política como económica, tiene sus orígenes en nuestro país, concretamente en la Escuela de Salamanca en el siglo XV. Desde el punto de vista político, en la Escuela de Salamanca podemos encontrar los orígenes del liberalismo hispano, aportando a las Ciencias Políticas la idea de que existe un Derecho Internacional por encima de las leyes de cada país[2] o la idea del derecho a la rebelión[3] o incluso del tiranicidio legítimo frente a gobiernos despóticos. Desde el punto de vista económico, en la Escuela de Salamanca tenemos el origen de la Escuela Española de Economía, cuya influencia será capital en el siglo XIX para el desarrollo del austro-liberalismo, pero que desgraciadamente es poco conocida en nuestro propio país.

Principios Básicos de Economía

Conviene, antes de entrar en materia sobre la Escuela Española de Economía, clarificar algunos conceptos básicos. Podemos definir la economía como el estudio de la manera en la que las personas y las sociedades utilizan recursos escasos para obtener bienes y distribuirlos entre las personas que componen la sociedad. Toda sociedad, del tipo que sea, se ve condicionada por la ley de la escasez, que afecta a los denominados bienes económicos, aquellos que son limitados, a diferencia de los bienes libres que o bien son ilimitados o bien su abundancia es tal que no requieren ser administrados. Esto provoca que se plantee el problema de qué producir, cómo producir y para quién producir. El sistema económico es el modelo en el que un país o una colectividad responden a esas preguntas básicas.

Los sistemas económicos han ido variando a lo largo del tiempo y no todas las sociedades se han regido de la misma manera. Murray N. Rothbard analiza esta evolución desde la Grecia Clásica hasta el siglo XIX[4]. Para Rothbard la historia del pensamiento económico no ha sido lineal, sino que ha habido un zigzag zarandeado por las múltiples inquietudes de tipo político, religioso, científico y social que influían en los pensadores. Dentro del pensamiento liberal se pueden diferenciar dos corrientes: por un lado la Escuela Austriaca, de origen católico y continental y que está conectada con la tradición escolástica española, que se inicia con Carl Menger en 1871[5] y alcanza su máximo desarrollo en el siglo XX con Ludwig von Mises y Friedrich A. Hayek; y por otro lado la tradición protestante anglosajona, que deriva del liberalismo clásico representado por Adam Smith[6]. La Escuela Austriaca se caracteriza por rechazar el positivismo en la economía y por incorporar la teoría del valor subjetivo[7] en el cálculo económico[8].

Frente a este pensamiento liberal tenemos el pensamiento marxista, que parte de la idea del valor objetivo[9], siguiendo la tradición del liberalismo clásico. En base a este pensamiento se justifica la intervención del Estado para planificar la economía, estableciendo un sistema de planificación centralizada[10]. Hayek desarrolló en sus obras Camino de Servidumbre[11] y La Fatal Arrogancia[12] el teorema de la imposibilidad del socialismo, estableciendo las diferentes razones por las que un gobernante no puede disponer de la información económica necesaria para la planificación, estableciendo los siguientes puntos:

  1. El enorme volumen de información necesario no puede ser gestionado por la mente de una única persona o comité en un tiempo limitado.
  2. La información necesaria es de carácter subjetivo, está dispersa en la mente de muchos individuos y además tiene un carácter tácito, no articulable.
  3. En cualquier caso, el carácter dinámico de los procesos económicos impide que el gobernante disponga de información que aún no ha sido creada.
  4. Finalmente, el propio carácter coactivo de la intervención en el sistema económico distorsiona, corrompe, dificulta o simplemente imposibilita la generación y transmisión de la información necesaria.

En la actualidad predominan las llamadas economías mixtas, en las que el Estado interviene en algunos aspectos, dejando el resto en manos del mercado. Esta economía mixta se basa en las ideas de Keynes[13]. El keynesianismo aboga por la intervención del Estado para estimular el gasto en épocas de crisis económica. Frente a este pensamiento económico, que fue el que inspiró el New Deal en Estados Unidos durante la Gran Depresión y que posteriormente ha sido la línea de pensamiento propia de la socialdemocracia tras la II Guerra Mundial, surgió el neoliberalismo, es decir, un resurgir de las ideas del liberalismo clásico que se produjo en los años 70 y 80 del siglo XX con la Escuela de Chicago y que abogaba por lo contrario, es decir, por reducir el gasto público y la intervención estatal.

Historia del Pensamiento Escolástico

Entendemos por escolástica la corriente teológica y filosófica que se basó en la tradición grecolatina para comprender la revelación cristiana, tratando de armonizar fe y razón, aunque subordinando la segunda a la primera. Fue la corriente de pensamiento dominante durante toda la Edad Media, sustituyendo a la patrística de los primeros tiempos del cristianismo, que se basaba en la doctrina fijada por los Padres de la Iglesia para interpretar la religión. Además de su implicación religiosa a la hora de interpretar la teología cristiana, la escolástica es una corriente de pensamiento fundamental para entender la cosmovisión misma de Europa, ya que fue la que dominó las escuelas catedralicias y las universidades.

Aunque desde nuestra óptica actual el escolástico pueda parecernos un sistema de pensamiento que incurre en errores como la falacia del argumento de autoridad frente al empirismo de la Ciencia moderna, lo cierto es que en su momento fue un avance que incorporó no sólo corrientes filosóficas clásicas, sino también árabes y judías, incentivó el razonamiento y la especulación, utilizó la lógica como herramienta para abordar las diferentes cuestiones y en definitiva supuso un avance frente al fanatismo que había dominado el final del Imperio Romano y los primeros siglos medievales. Fue una recuperación, aunque cristianizada, del pensamiento clásico (sobre todo de Aristóteles y Platón), lo cual hizo posible que se desarrollaran las órdenes mendicantes (franciscanos y dominicos) de donde procederían los principales sabios medievales y, en definitiva, sentó las bases de lo que posteriormente sería en Renacimiento.

Sin alargarnos en todo lo que implicó este pensamiento, pues nos desviaría del tema del artículo, podemos establecer varias etapas en el desarrollo de la escolástica. La primera se produjo entre el siglo IX y el siglo XII, marcada por la cuestión de los universales, cuando se establecen tres posturas: los realistas (encabezados por Guilleremo de Champeaux), los nominalistas (representados por Roscelino) y los conceptualistas (liderados por Pedro Abelardo). Anselmo de Canterbury será la figura más importante de este periodo, surgiendo a finales del mismo la Escuela de Chartres, que contraponía el neoplatonismo a las corrientes místicas de la época, representadas por Bernardo de Claraval. Hugo de San Víctor concilió el misticismo y la escolástica en su Summa Teologica.

La segunda etapa se produce entre el siglo XII y el siglo XIII, siendo la época de apogeo del pensamiento escolástico, cuando se introduce el aristotelismo primero de la mano de Averroes y después de Alberto Magno y Guillermo de Moerbeke. En esta época surgen las universidades y las órdenes mendicantes. Ligada a la orden franciscana, nace la Escuela de Oxford en la que destaca Roger Bacon. El máximo exponente de este periodo y del pensamiento escolástico en general, será sin duda Santo Tomás de Aquino. En el siglo XIV se produce la última fase de este pensamiento, en el que la filosofía y la teología se separan, destacando Juan Duns Escoto y Guillermo de Ockham.[14]

La Escolástica en España

Lo que nos interesa, en lo tocante a la Escuela Española de Economía, es el escolasticismo tardío que se desarrolló con España como principal centro en los siglos XV y XVI, asociado a los dominicos y los jesuitas y con un claro carácter renacentista. El padre jesuita Francisco Suárez con su obra Disputaciones Metafísicas[15] será el máximo exponente de este pensamiento tardoescolástico, cuya influencia será capital en toda la filosofía posterior. Esta obra es considerada la síntesis del pensamiento escolástico y de la Escuela de Salamanca, sentando las bases del iusnaturalismo de Hugo Grocio e influyendo notablemente en el pensamiento del siglo XVII y XVIII.

Suárez recoge la tradición aristotélica predominante en la filosofía española, pero incorpora elementos del nominalismo, que establece que todo lo que existe es particular, negando la idea de los universales. Así pues, el padre Suárez distingue entre esencia y existencia, diciendo que cada existencia tiene su propia esencia y que sólo Dios puede percibir la distinción en el ser en otro, es decir, las criaturas. Esto entronca con la idea del cógito de Descartes, la mónada de Leibniz, la distinción entre esencia y existencia de Spinoza y el sujeto trascendente de Kant.[16]

La Escuela de Salamanca va más allá del pensamiento filosófico y teológico, teniendo una vertiente literaria que se puede encuadrar dentro del Siglo de Oro, jurídica y por supuesto la vertiente económica en la que nos vamos a centrar en este artículo. Incluso algunos de sus miembros desarrollaron avances en las Ciencias Naturales. Sin embargo, para comprender la cosmovisión que da origen a la Escuela Española de Economía debemos entender el contexto general en el que surge la Escuela de Salamanca. El siglo XV y XVI están protagonizados por el humanismo y por la Reforma protestante y consecuente Reforma católica y Contrarreforma; por lo que se aborda la cuestión de la relación del ser humano con Dios, que se había visto convulsionada por esto y por los grandes descubrimientos geográficos y sus consecuencias. El descubrimiento del Nuevo Mundo cambió la cosmovisión europea tanto por la percepción de que el mundo era mucho mayor que el viejo continente, como por todas las implicaciones que la llegada a América supuso. Dada la amplitud de temas que se trataron, algunos autores diferencian la Escuela de Salamanca de la Escuela de Coimbra, algo posterior. Sin duda, una de las cuestiones que más alteró la vida de los europeos tras el Descubrimiento fue la inmensa cantidad de metales preciosos y de nuevas materias primas que llegaban desde América, produciendo un impacto económico sin precedentes[17]. Esto motivo que fuese en la Escuela de Salamanca donde podemos encontrar los primeros fundamentos de la ciencia económica.

Principales Autores

Los intelectuales españoles que, según autores como Murray N. Rothbard, Friedrich Hayek o Bruno Leoni, sentaron las bases de la Escuela Austriaca eran sobre todo escolásticos que enseñaban moral y teología en la Universidad de Salamanca y en la Universidad de Coimbra[18]. De entre todos ellos destaca el padre jesuita Juan de Mariana.

padre juan de mariana

En el aspecto político, su principal obra fue De rege et regis institutione[19] de 1598, en la que se incluye la defensa de la doctrina del tiranicidio. Según esta doctrina, cualquier ciudadano individual puede asesinar justamente al rey que se convierta en tirano por imponer impuestos a los ciudadanos sin su consentimiento, expropiarles injustamente su propiedad, o impedir que se reúna un parlamento electo. El alcance de esta idea fue tal que la doctrina del tiranicidio fue alegada para el asesinato de los reyes Enrique III y Enrique IV de Francia, siendo la obra quemada en Paris en 1610 por orden de su parlamento. En España, aunque las autoridades no se mostraron entusiastas con el texto, lo respetaron por estar escrito en latín y pensar que no se haría muy popular.

En esta obra, Mariana defiende la idea de que el derecho natural es siempre moralmente superior al poder de cada Estado. Esta idea ya había sido elaborada previamente por el dominico Francisco de Vitoria, fundador de la idea de que existe un Derecho Internacional por encima de las leyes de cada país y primero en denunciar la conquista y esclavización de los indios en América. En el aspecto puramente económico, no obstante, su obra más importante será De monetae mutatione (Sobre la alteración del dinero), posteriormente publicada en castellano con el título de Tratado y discurso sobre la moneda de vellón que al presente se labra en Castilla y de algunos desórdenes y abusos. En este libro el jesuita se pregunta si el rey o el gobernante es propietario de los bienes de sus vasallos, llegando a la conclusión de que no es así. Esto, sin duda alguna, es una defensa de la propiedad privada que además sirve de base para el principio de que el rey no puede imponer impuestos a sus ciudadanos sin que estos estén de acuerdo, ya que estos son una expropiación forzosa de su riqueza. Tampoco puede establecer monopolios estatales ni reducir el contenido del metal de la moneda que los ciudadanos utilizan como dinero.

Juan de Mariana anuncia la teoría subjetiva del valor, que inicialmente fue enunciada por Diego de Covarrubias y Leyva. Covarrubias demuestra que el valor de las cosas depende de la valoración subjetiva de los consumidores y no del bien en sí mismo, pues el trigo se valora más en las Indias que en España, siendo de la misma naturaleza, sólo porque los hombres lo estiman más[20]. En esta línea, Luis Saravia de la Calle demostró que los precios son los que determinan los costes y no al revés en su obra Instrucción de Mercaderes[21].

Los que miden el justo precio de las cosas según el trabajo, costas y peligros del que trata o hace la mercadería yerran mucho; porque el justo precio nace de la abundancia o falta de mercaderías, de mercaderes y dineros, y no de las costas, trabajos y peligros.

Vemos aquí, ya en el siglo XVI, una refutación de la teoría del valor-trabajo que será la base de la ideología marxista. En la misma línea, Juan de Lugo se preguntó cuál podría ser el precio de equilibrio y en 1643 llegó a la conclusión de que de pendía de tan gran cantidad de circunstancias específicas que sólo Dios podía conocerlo.

Pretium iustum mathematicum licet soli Deo notum[22].

Juan de Salas también llegó a la conclusión de que conocer la información específica que los agentes económicos manejan en el mercado, dado que es dicha información es tan compleja, sólo Dios y no los hombres pueden llegar a comprender y ponderarla exactamente[23]. Los escolásticos españoles fueron los primeros en introducir el concepto de la competencia empresarial o concurrentia, entendiendo que impulsaba el mercado y daba lugar al desarrollo de la sociedad. Así pues Jerónimo Castillo de Bobadilla llegó a enunciar la ley económica de que: los precios de los productos bajarán en abundancia, emulación y concurrencia de vendedores[24]. La misma idea es defendida por Luis de Molina[25].

En lo tocante a la teoría económica, sin duda el mayor exponente de la escolástica española fue Martín de Azpilcueta, que explicó la teoría cuantitativa del dinero en su libro Comentario resolutorio de cambios[26] en 1556. Azpilcueta observó los efectos que tuvo sobre los precios la llegada masiva de metales preciosos a España procedentes del Nuevo Mundo, siendo el primero en ver la relación existente entre la masa monetaria y los precios y como el aumento de la primera provoca inflación en los segundos[27].

En cuanto a su opinión sobre la banca, los escolásticos españoles se dividieron en dos escuelas, la escuela monetaria, formada por Saravia de la Calle, Azpilcueta y Tomás de Mercado, cuyos autores recelaban de la banca y exigían un coeficiente de caja del 100% para los depósitos a la vista; y la escuela bancaria, encabezada por Luis de Molina y Juan de Lugo, más tolerante con el ejercicio de la banca libre y la reserva fraccionaria[28].

Postulados Principales

Una vez repasados los principales pensadores, podemos decir que los principios esenciales que establece la Escuela Española y que después servirán de fundamento teórico para la Escuela Austriaca serían los siguientes:

  1. Teoría Subjetiva del Valor (Diego de Covarrubias y Leyva)
  2. El descubrimiento de la relación correcta entre precios y costes (Luis Saravia de la Calle)
  3. La naturaleza dinámica del proceso de mercado y la imposibilidad del mdoelo de equilibrio (Juan de Lugo y Juan de Salas)
  4. El concepto dinámico de competencia entendida como un proceso de rivalidad entre los vendedores (Castillo de Bobadilla y Luis de Molina)
  5. El principio de preferencia temporal (Martín de Azpilcueta)
  6. La inflación de los precios (Juan de Mariana, Diego de Covarrubias y Martín de Azpilcueta)
  7. Los efectos negativos que produce la banca con reserva fraccionaria (Luis Saravia de la Calle y Martín Azpilcueta)
  8. El hecho económico esencial de que los depósitos bancarios forman parte de la oferta monetaria (Luis de Molina y Juan de Lugo)
  9. La imposibilidad de organizar la sociedad mediante mandatos coactivos debido a la falta de información que se necesita para dar un contenido coordinador a los mismos (Juan de Mariana)
  10. El principio liberal según el cual el intervencionismo injustificado del Estado sobre la economía viola el derecho natural (Juan de Mariana)

La importancia capital de todo este pensamiento económico español es que se adelanta al liberalismo clásico de tradición británica dos siglos[29]. Es especular qué hubiera pasado en caso de que la Rebelión Comunera de Castilla hubiese triunfado, pues podemos considerarla la primera revolución proto-liberal de Europa, pero sin lugar a dudas el pensamiento político y económico hispano del Siglo de Oro está en la línea de las corrientes liberales y libertarias que se desarrollarían posteriormente e inexplicablemente es un pensamiento prácticamente desconocido en nuestro propio país.

Influencia del Pensamiento de la Escuela Española

Debemos tener en cuenta que durante el siglo XVI tanto España como el Sacro Imperio Romano-Germánico estuvieron unidos en la figura del emperador Carlos V y que posteriormente la relación entre la Monarquía Hispánica y Austria serán muy fuertes debido a que ambas se encontraban regidas por la Casa de Habsburgo. Es fácil entender la influencia de la escolástica española en el centro de Europa y en el desarrollo posterior de la Escuela Austriaca en el siglo XIX debido a las íntimas relaciones históricas, políticas y culturales establecidas desde el siglo XVI. Tanto es así que podemos decir que la llegada del racionalismo parisino de los Borbones en el siglo XVIII supone una ruptura con el pensamiento económico español, además de la evidente ruptura política. La idea de un Estado centralizado que racionalice todo, o lo que es lo mismo, la idea de la planificación por parte de un organismo central, que posteriormente será la base de la doctrina socialista, es contraria a la tradición política y económica de España hasta ese momento.

La Escuela Clásica británica se convirtió en hegemónica debido al protagonismo que tendría el Imperio Británico en el siglo XIX, pero la escuela continental o Escuela Austriaca, se mantuvo aunque no sea la predominante. Carl Menger redescubrió la tradición escolástica española pero en los siglos XVIII y XIX, en la propia España, el pensamiento tradicional fue en decadencia debido sobre todo al complejo de inferioridad respecto al mundo intelectual de habla inglesa. Pese a todo, incluso en esta época, el pensamiento económico español perduró, destacando el catalán Jaime Blames[30].

Conclusión

En la Escuela de Salamanca encontramos las raíces del liberalismo moderno tanto en el aspecto político como en el económico, por lo que se puede establecer que en la Escuela Española de Economía se encuentran las raíces del pensamiento económico liberal en su vertiente continental y católica, menos conocida que la vertiente anglosajona y protestante, y los orígenes de la ciencia económica misma. La Escuela Austriaca bebería directamente de la Escuela Española debido fundamentalmente a la influencia cultural que los escolásticos españoles supusieron para la intelectualidad austriaca en el siglo XVI, cuando tanto el Sacro Imperio Romano-Germánico con los reinos de las Españas estaba regidos por la Casa de Habsburgo. La llegada de los Borbones al trono español en el siglo XVIII trajo consigo el racionalismo francés de la Ilustración y con él la idea de que todo, incluida la economía, podía ser racionalmente planificado desde un poder central. Esta idea, demostrada falsa por varios autores pero que servirá de axioma para construir la teoría económica marxista en el siglo XIX, romper de hecho con el pensamiento económico tradicional español, del mismo modo que la idea del Estado centralizado romper con la tradición foral española en lo político.

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La Historia de España Sin Complejos

Bibliografía

Obras de Referencia

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Sitios Web

Notas

[1] SMITH, A. An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations. Londres. 1776.

[2] La teoría del Ius Gentium o “derecho de gentes” desarrollada por Francisco de Vitoria, que será la base para el iusnaturalismo posterior en la que se basarán los Padres Fundadores de Estados Unidos para legitimar su revolución.

[3] Concepto desarrollado por el padre Juan de Mariana en su obra De rege et regis institutione, que también será una de las referencias de los independentistas americanos para legitimar su derecho a la rebelión contra la Corona inglesa.

[4] ROTHBARD, M.N. An Austrian Perspective on the History of Economic Thought. Ludwig von Mises Institute. Auburn, Alabama. 2006

[5] MENGER, C. Principios de Economía Política. 1871. Traducción: VILLANUEVA, Marciano. Unión Editorial. 1997.

[6] HUERTA DE SOTO, J. Nuevos Estudios de Economía Política. Madrid: Unión Editorial. 2002.

[7] El valor de un bien no está determinado por ninguna propiedad inherente a éste, no por la cantidad de trabajo requerido para producirlo, sino por la importancia que un individuo le da para lograr sus objetivos o deseos.

[8] MISES, Ludwig von. La Acción Humana: Tratado de Economía (Décima Edición). Madrid: Unión Editorial. 2011.

[9] Según esta teoría el valor de las cosas depende del trabajo y es por lo tanto objetivo.

[10] HUERTA DE SOTO, J. Socialismo, Cálculo Económico y Función Empresarial. Madrid: Unión Editorial. 2010.

[11] HAYEK, F. The Road to Serfdom. Routledge Press. 1944.

[12] HAYEK, F. The Fatal Conceit: The Errors of Socialism. University of Chicago Press. 1988.

[13] KEYNES, J.M. The General Theory of Employment, Interest and Money. Palgrave Macmillan. 1936.

[14] COPLESTON, F. Historia de la Filosofía 2: De la Escolástica al Empirismo. Editorial Ariel. 2011.

[15] SUÁREZ, F. Metaphysicarum disputationem in quibus et universa naturalis theologia ordinate traditur, et quaestiones omnes ad duodecim Aristotelis libros pertinentes accurate disputantur Tomus prior, Tomus posterior. Salamanca, 1597.

[16] Fernández Burillo, S., Las Disputaciones metafísicas de F. Suárez., su inspiración y algunas de sus líneas maestras: En el IV centenario de la primera edición (1597-1997), en Revista española de filosofía medieval, número 4, 1997, páginas 65-86.

[17] Lo que Sánchez de Albornoz denominó, en el caso de España, el “cortocircuito de la Modernidad”.

[18] CHAFUEN, A. Economía y ética: raíces cristianas de la economía de libre mercado. Editorial Rialp, Madrid, 1986.

[19] MARIANA, J. Del Rey y de la constitución de la dignidad real. Imprenta de la Sociedad Literaria y Tipográfica, Madrid, 1885.

[20] COVARRUBIAS Y LEYVA, D. Ommia Opera. Haredam Hieronumi Scoti, Venecia, 1604.

[21] SARAVIA DE LA CALLE, L. Instrucción de Mercaderes. Pérez de Castro, Medina del Campo, 1554. Publicado de nuevo en la Colección de joyas bibliográficas, Madrid, 1949.

[22] DE LUGO, J. Disputationes de iustitia et iure. Sumptibus Petri Prost, Lyon, 1642.

[23] DE SALAS, J. Comentarii in secundam secundae D. Thomae de contractibus. Sumptibus Horatij Lardon, Lyon, 1617.

[24] CASTILLO DE BOBADILLA, J. Política para corregidores. Salamanca, 1585.

[25] DE MOLINA, L. De iustitia et iure. Cuenca, 1597.

[26] AZPILICUETA, M. Comentario resolutorio de cambios. Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid, 1965.

[27] Todos estos autores se desarrollan en HUERTA DE SOTO, J. Nuevos Estudios de Economía Política. Capítulo XI: Juan de Mariana y los Escolásticos Españoles. Unión Editorial: Madrid, 2007.

[28] HUERTA DE SOTO, J. Nuevos Estudios de Economía Política. Capítulo II: La Teoría Bancaria en la Escuela de Salamanca. Unión Editorial: Madrid, 2007.

[29] Economipedia. Visto en: https://economipedia.com/historia/escuela-de-salamanca.html [Última Consulta: 22/11/18]

[30] BLAMES, J. Verdadera idea del valor o reflexiones sobre el origen, naturaleza y variedad de los precios. En Obras Completas, volumen 5, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1949.

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